Difuminar los límites; jugar con los espacios cerrados y abiertos. Esta fue la propuesta para edificar una parcela de ubicación excepcional e impresionantes vistas. El proyecto resultante es un diálogo entre el edificio y el paisaje. Por eso la casa lleva hasta el interior pavimentos y muros típicos de los exteriores de la zona; por eso abre vanos y dibuja ángulos de modo que la vista del mar penetre en la vivienda. Para que el Mediterráneo se integre en la vida cotidiana de la familia que la habita.
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Proyectos destacados
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El jardín interior de esta vivienda es un oasis perfecto. Agua, vegetación y luz se combinan en él para crear una sensación de sosiego, privacidad y privilegio capaz de extenderse al resto de la vivienda. El efecto producido en el jardín se transmite gracias a la presenciade unos porches volados de generosas dimensiones que se abren a este espacio y generan una continuidad entre el interior y el exterior, aislando al conjunto de su entorno. Poco importa entonces que, en determinadas zonas, los alrededores resulten agresivos desde el punto de vista urbanísticos: detrás de la puerta se encuentra el sosiego de un edén propio.
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La Masia Can Pi es una edificación catalogada de valor patrimonial del s.XIV en Esplugues del Llobregat, ejemplo de la arquitectura tradicional catalana, de planta basilical, con bodega y caballeriza. La intervención propone una transformación respetuosa con su identidad histórica, adaptándola a un nuevo uso como villa urbana contemporánea. El proyecto se ha concebido como un equilibrio entre la preservación del legado y la innovación en el habitar contemporáneo.
Se ha optado por una estética atemporal, sobria y elegante. Materiales nobles como la piedra natural, la madera maciza o el estuco a la cal se integran con un lenguaje formal depurado, donde cada elemento arquitectónico se expresa con honestidad. El diseño huye de lo superfluo, apostando por la autenticidad, la calma y la atención al detalle.
La redistribución interior maximiza la fluidez visual y física entre estancias. Se han suprimido compartimentaciones innecesarias, generando espacios abiertos, luminosos y conectados. La escala original se conserva, pero reinterpretada con criterios de confort actual.
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Fundir el edificio con el entorno y dejar que la montaña entre en el hogar para que toda la familia pueda convivir con ella. Esa es la premisa para esta construcción. Por eso, la piedra y la madera son protagonistas ya desde la fachada. Igual que sus colores tostados, que recuerdan constantemente el antiguo encinar que un día pobló la zona. En el exterior, la roca del monte se deja ver en unos jardines ubicados a diferente altura y que consiguen que el entorno natural abrace al edificio.