Situada en un entorno residencial de Valldoreix, esta vivienda responde con sobriedad a un paisaje natural y urbano discreto. El proyecto se integra mediante una arquitectura que busca el equilibrio entre abstracción formal y sensibilidad mediterránea, en una clara herencia de la obra de Josep Lluís Sert, particularmente en su forma de reinterpretar el racionalismo con valores de clima, luz y vida cotidiana.
La vivienda se desarrolla principalmente en una sola planta, reafirmando su carácter horizontal y doméstico. En la planta baja se ubican todos los espacios funcionales: zona de día (salón, comedor, cocina), área privada (habitaciones, baños) y áreas de servicio. En la planta primera, de uso más introspectivo y reducido, se sitúa un estudio independiente, concebido como un espacio de recogimiento con vistas abiertas y luz cenital, separado del resto del programa para favorecer la concentración.
La luz mediterránea es uno de los materiales principales. A través de huecos controlados, voladizos y patios, se generan espacios donde la sombra se convierte en elemento arquitectónico. El resultado es una atmósfera de calma, donde los contrastes entre lleno y vacío, luz y masa, construyen una experiencia sensorial equilibrada.
La orientación, la compacidad volumétrica, los filtros solares y el uso de vegetación autóctona son estrategias pasivas que reducen la demanda energética. La vivienda se concibe desde el sentido común climático más que desde la tecnología visible
La intervención parte de un profundo respeto por la arquitectura original de Josep Lluís Sert, entendida no solo como una forma construida sino como una manera de habitar. La rehabilitación de la Casa Blajot (1978-1979) ha sido abordada desde una lectura atenta de su lógica espacial, su relación con el lugar y su materialidad esencial.
La actuación recupera los valores originales de la vivienda —la claridad estructural, la sobriedad constructiva y el diálogo entre interior y exterior— adaptándolos a las exigencias contemporáneas de confort, eficiencia y uso, sin alterar su identidad ni su lenguaje arquitectónico.
La ampliación, pensada para una nueva familia, no compite con la obra original sino que la acompaña. Se integra desde la continuidad material, la proporción y la escala, reinterpretando los principios de Sert con un lenguaje contenido y coherente. Más que una suma, la intervención busca un equilibrio entre pasado y presente, donde lo nuevo se reconoce como tal sin romper la unidad del conjunto.
El proyecto entiende la rehabilitación como un ejercicio de precisión y responsabilidad: actualizar sin desvirtuar, intervenir sin imponer, y prolongar la vida de una obra manteniendo intacta su filosofía.
Todo es horizonte en esta parcela. Es un lugar dominado por las líneas horizontales con una vista extraordinaria sobre el Mediterráneo. Por eso, el proyecto desarrollado para esta ubicación busca la magia de la ingravidez. Para conseguirla, el diseño contempla dos volúmenes superpuestos y desplazados entre sí que dejan la planta baja abierta y convierten la zona superior en una construcción flotante que mira al infinito y se cierra a la fachada Norte. El uso del vidrio, los voladizos y los colores completan este juego poético de luces y sombras, cerrado y abierto, materia y vacío.