Crear una arquitectura escultórica que, sin embargo, tenga la calidez de un hogar es todo un reto. Y este proyecto, con sus grandes dimensiones, su ambición y su ubicación dominando toda Barcelona, corría el riesgo de convertirse en una casa para fotografiar, pero no para vivir. Para darle ritmo visual se eliminó todo lo superfluo y se articuló la vivienda en tres volúmenes. Y para aportar el equilibrio necesario se acumularon en módulo central, envuelto en cobre, todos los elementos singulares, incluida la escalera. De ese modo se consigue más sutileza en el resto del edificio, usando austeros muros de mampostería en el exterior y materiales cálidos en el interior.
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Proyectos destacados
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Situada en un entorno residencial de Valldoreix, esta vivienda responde con sobriedad a un paisaje natural y urbano discreto. El proyecto se integra mediante una arquitectura que busca el equilibrio entre abstracción formal y sensibilidad mediterránea, en una clara herencia de la obra de Josep Lluís Sert, particularmente en su forma de reinterpretar el racionalismo con valores de clima, luz y vida cotidiana.
La vivienda se desarrolla principalmente en una sola planta, reafirmando su carácter horizontal y doméstico. En la planta baja se ubican todos los espacios funcionales: zona de día (salón, comedor, cocina), área privada (habitaciones, baños) y áreas de servicio. En la planta primera, de uso más introspectivo y reducido, se sitúa un estudio independiente, concebido como un espacio de recogimiento con vistas abiertas y luz cenital, separado del resto del programa para favorecer la concentración.
La luz mediterránea es uno de los materiales principales. A través de huecos controlados, voladizos y patios, se generan espacios donde la sombra se convierte en elemento arquitectónico. El resultado es una atmósfera de calma, donde los contrastes entre lleno y vacío, luz y masa, construyen una experiencia sensorial equilibrada.
La orientación, la compacidad volumétrica, los filtros solares y el uso de vegetación autóctona son estrategias pasivas que reducen la demanda energética. La vivienda se concibe desde el sentido común climático más que desde la tecnología visible
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La vivienda se concibe como una pieza arquitectónica singular que dialoga con su entorno inmediato en el exclusivo barrio de Pedralbes. La implantación urbana y la tipología de la parcela han sido determinantes desde las primeras fases del proyecto, actuando como condicionantes que, lejos de limitar, han impulsado una solución arquitectónica precisa y ambiciosa.
Con el objetivo de alcanzar el máximo aprovechamiento urbanístico permitido, el proyecto desarrolla una volumetría escalonada que se adapta a la topografía y potencia las vistas, la privacidad y la relación con el paisaje. La arquitectura resultante es rotunda y expresiva, pero a la vez sobria y atemporal, basada en una cuidada composición de planos horizontales, grandes vuelos y una materialidad contemporánea que transmite equilibrio y permanencia.
La búsqueda constante de la amplitud espacial se materializa a través de dobles alturas, grandes superficies acristaladas y una continuidad fluida entre interior y exterior. Los espacios se abren hacia amplias terrazas y zonas ajardinadas, donde el agua y la vegetación se integran como elementos fundamentales del proyecto, reforzando la sensación de bienestar y exclusividad.
A nivel prestacional, la vivienda cumple con los más altos estándares de confort, instalaciones y eficiencia energética. Incorpora sistemas avanzados de climatización, control solar y aislamiento, así como soluciones domóticas de última generación que permiten una gestión inteligente y personalizada de la vivienda. Todo ello garantiza una experiencia residencial de máximo nivel, donde diseño, tecnología y calidad constructiva convergen en un hogar pensado para disfrutar sin concesiones.
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Fundir el edificio con el entorno y dejar que la montaña entre en el hogar para que toda la familia pueda convivir con ella. Esa es la premisa para esta construcción. Por eso, la piedra y la madera son protagonistas ya desde la fachada. Igual que sus colores tostados, que recuerdan constantemente el antiguo encinar que un día pobló la zona. En el exterior, la roca del monte se deja ver en unos jardines ubicados a diferente altura y que consiguen que el entorno natural abrace al edificio.