Crear una arquitectura escultórica que, sin embargo, tenga la calidez de un hogar es todo un reto. Y este proyecto, con sus grandes dimensiones, su ambición y su ubicación dominando toda Barcelona, corría el riesgo de convertirse en una casa para fotografiar, pero no para vivir. Para darle ritmo visual se eliminó todo lo superfluo y se articuló la vivienda en tres volúmenes. Y para aportar el equilibrio necesario se acumularon en módulo central, envuelto en cobre, todos los elementos singulares, incluida la escalera. De ese modo se consigue más sutileza en el resto del edificio, usando austeros muros de mampostería en el exterior y materiales cálidos en el interior.
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Proyectos destacados
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La intervención parte de un profundo respeto por la arquitectura original de Josep Lluís Sert, entendida no solo como una forma construida sino como una manera de habitar. La rehabilitación de la Casa Blajot (1978-1979) ha sido abordada desde una lectura atenta de su lógica espacial, su relación con el lugar y su materialidad esencial.
La actuación recupera los valores originales de la vivienda —la claridad estructural, la sobriedad constructiva y el diálogo entre interior y exterior— adaptándolos a las exigencias contemporáneas de confort, eficiencia y uso, sin alterar su identidad ni su lenguaje arquitectónico.
La ampliación, pensada para una nueva familia, no compite con la obra original sino que la acompaña. Se integra desde la continuidad material, la proporción y la escala, reinterpretando los principios de Sert con un lenguaje contenido y coherente. Más que una suma, la intervención busca un equilibrio entre pasado y presente, donde lo nuevo se reconoce como tal sin romper la unidad del conjunto.
El proyecto entiende la rehabilitación como un ejercicio de precisión y responsabilidad: actualizar sin desvirtuar, intervenir sin imponer, y prolongar la vida de una obra manteniendo intacta su filosofía.
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El jardín interior de esta vivienda es un oasis perfecto. Agua, vegetación y luz se combinan en él para crear una sensación de sosiego, privacidad y privilegio capaz de extenderse al resto de la vivienda. El efecto producido en el jardín se transmite gracias a la presenciade unos porches volados de generosas dimensiones que se abren a este espacio y generan una continuidad entre el interior y el exterior, aislando al conjunto de su entorno. Poco importa entonces que, en determinadas zonas, los alrededores resulten agresivos desde el punto de vista urbanísticos: detrás de la puerta se encuentra el sosiego de un edén propio.
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Difuminar los límites; jugar con los espacios cerrados y abiertos. Esta fue la propuesta para edificar una parcela de ubicación excepcional e impresionantes vistas. El proyecto resultante es un diálogo entre el edificio y el paisaje. Por eso la casa lleva hasta el interior pavimentos y muros típicos de los exteriores de la zona; por eso abre vanos y dibuja ángulos de modo que la vista del mar penetre en la vivienda. Para que el Mediterráneo se integre en la vida cotidiana de la familia que la habita.